domingo, 20 de noviembre de 2011

Demasiado tiempo libre

Cuando te dedicas a pensar en la vida sentimental de los personajes de cómic, de forma exhaustiva, es que tienes demasiado tiempo libre.

Exactamente lo que yo tenía hace cuatro años.


[En capítulos anteriores, mucho más al norte, con mucha más lluvia, hecho un completo lío, incapaz de encontrar un jamón decente]


Creo recordar que en su momento, cuando estuve en Dublín, os comenté que en pleno centro había cuatro tiendas de cómics. En una de las dos que han cerrado (inciso: se me olvidó comentar que cuando estuve en Dublín otra vez este verano, dos de las tiendas ya no estaban; y es más, ahora que lo pienso, en este mismo momento no recuerdo si comenté que me iba este verano una semanilla, bueno, ya da igual) encontré un cómic que llevaba bastante tiempo buscando, el número 90 de la colección de la JLA.


Aunque antes de irme a Dublín no era muy dado a comprar por Internet (ya sabéis, sin trabajo no hay tarjeta, y sin tarjeta no hay Amazon), sí que me había hecho con algunos tomos de la JLA de Kelly y Mankhe, concretamente desde The Obsidian Age a Trial By Fire, los cuáles completé con el tomo de Golden Perfect publicado por Norma (no viene al cuento, pero aprovecho igual:  después de Norma, fue Planeta la que ha venido publicando DC hasta ahora, pero a partir de enero será una nueva editorial, El Catálogo del Cómic, la que se encargará).

Toda la saga está muy entretenida, si te gustan ese tipo de cómics de superhéroes (que a mi me gustan, por cierto), pero una de las cosas que más me atraía era la insinuada relación entre Batman y Wonder Woman.

Aunque el punto álgido de dicha relación se producía en The Obsidian Age, justo antes de morir ambos, se veía insinuando desde la presentación de ambos personajes en Golden Perfect, mientras entrenan juntos.


En The Obsidian Age, tras saltar 3000 años al pasado, Batman se tira media saga al borde de la muerte por las altas fiebres provocadas por el viajecito (ríete tú de la gente que se marea en el coche). En este punto el guionista, Joe Kelly, sitúa otra pequeña perlita para ver que estos dos compañeros de equipo empiezan a verse de una forma distinta.


Enfrentados a un enemigo mucho más brutal que ellos mismos, la JLA iría cayendo, uno por uno, ante la Liga de Gamemnae en la Atlantis del 1000 A.C. Justo antes del sacrificio final, Wonder Woman y Batman tendrían un último gesto el uno para el otro.


Como esto son superhéroes, y ya sabemos todos como funcionan, no duraron muertos más que un par de meses, tras lo cual ambos personajes fueron aplazando una conversación más que necesaria en una situación similar. El problema, para mi como lector, es que esa conversación iba a tener lugar en el número 90 de la colección de la JLA, no recopilado en ningún tomo, no publicado en España (ya que la edición de la JLA de Kelly se realizó entre Norma y Planeta, traduciendo tomos americanos), e imposible de localizar de importación. Y sí, había Internet, pero quería tener ese cómic.

Y así llegamos a Dublín, hace 4 años, poco más o menos (semana arriba, semana abajo), a una pequeña tienda de cómics en Temple Bar, sucia como ella sola, y hasta arriba de cómics viejos, antiguos, y de saldo. Y me puse a rebuscar, hasta que di con él. Obviamente lo compré, y me lo traje conmigo.

En el autobús de vuelta a mi casa aquella noche no dejé de darle vueltas a cómo se resolvería la situación. Obviamente, Batman y Wonder Woman no iban a acabar siendo pareja, por los problemas editoriales que eso conllevaría, pero... ¿cómo se traduciría eso en la historia? Es más, ¿era ese romance coherente con los personajes?

Aunque Wonder Woman tuvo un romance dentro de su propia colección con el piloto Steve Trevor, el gran público, que siempre la ha considerado la versión femenina de Superman, la ha considerado la pareja potencial del último hijo de Krypton.

Sin embargo, Superman, tal y como fue concebido, siempre ha estado más interesado en Lois Lane, tanto en su faceta de Superman como en su faceta de Clark Kent. Lois representa para Clark una rival, una compañera, una igual a la que admirar, alguien que le entiende a niveles más profundos que ninguna otra persona (en su colección). Cierto es que a ciertos guionistas, como Waid o Miller, les gusta volver a este tema de vez en cuando, pero lo cierto es que, mientras haya una Lois, no habrá espacio para una amazona en el corazón de Kal-El.

Batman es otro tema muy distinto. Tanto en su identidad de Bruce Wayne, como en su identidad de Batman, el personaje ha tenido diversas relaciones de más o menos importancia: Julie Madison (la primera novia conocida de Bruce), Catwoman (con quien conecta su espíritu aventurero), Silver St. Cloud (una mujer de fuerte carácter con la que Bruce podía sentirse más abierto, pero aún así que no podía soportar la doble vida de su novio), Vicky Vale, Thalia Al'Ghul... Y eso si contamos sólo las que tienen nombre, pues para la máscara de Batman que es Bruce Wayne, la modelo colgada del brazo es un complemento tan importante como la copa de Ginger Ale.

Probablemente, llegados a este punto, mi hermana (una de las lectoras fijas del blog), ya estará pensando en opinar que Catwoman/Selina Kyle es la compañera ideal de Batman. Y yo, discrepo. Cierto que Catwoman y Batman comparten ciudad, grupo de colecciones y, a nivel editorial, lo suyo es más viable. Pero en el mejor de los casos Catwoman es una aventurera, cuando no una criminal, lo cual es incompatible con el férreo sentido del orden de Batman. A lo largo esa situación no funcionaría, ya que a nivel básico, ambos personajes son muy distintos.

Ahora volvamos a la relación entre Wonder Woman y Batman. No sólo son "compañeros de trabajo", sino amigos, desde hace mucho tiempo. Les une su sentido de la justicia, y un sentido del honor muy estricto. Ambos son guerreros, cada uno a su manera y, aunque muy distintos, ambos se ven como iguales. Y eso es realmente lo importante.

Recuerdo que, hace muchos años, un amigo que empezó de nuevas con la JLA en Torre de Babel me preguntó qué pintaba ahí Batman, un humano entre dioses, y yo le remití a Nuevo Orden Mundial (por ahora, la mejor guía posible de cómo debería ser una película de la JLA). Steve Trevor sólo era un piloto, mientras que Superman, en el fondo, siempre será un chico de Kansas. Wonder Woman (recordemos, princesa guerrera de las amazonas) necesita otro tipo de persona en su vida, alguien en quien pueda confiar hasta sus últimas consecuencias, un compañero, un igual.

Para Batman es lo mismo. Él no necesita una damisela en apuros, alguien a través de la cuál sus enemigos puedan hacerle daño. No, Batman necesita una compañera, una camarada de armas, alguien que pueda cubrir su espalda de forma tan efectiva como él cubriría la suya... Sí, yo veía muy viable la relación entre Batman y Wonder Woman.


Obviamente, el JLA #90 no me sorprendió, y acabó con la relación de ambos personajes antes siquiera de empezarla, aunque la resolución del tema en el cómic me pareció bastante satisfactoria. Estaba claro que un romance entre ambos era inviable a nivel editorial y, al fin y al cabo, estamos hablando de personajes, de franquicias, no de personas reales (lo digo porque hay gente que se le olvida, así luego tenemos los frikis la mala prensa que tenemos).

Otras relaciones (más sencillas, gracias a la menor importancia de los personajes involucrados) que sí salieron adelante, como la de Green Arrow y Canario Negro, o la de Tormenta y Pantera Negra han demostrado ser malas ideas, tanto a nivel de ventas como a nivel argumental, lo cuál nos lleva a pensar que o los lectores de cómics de superhéroes no quieren leer sobre personajes casados, o los guionistas no saben escribirlos (o un poquito de ambas). Aún así, quiero creer que aún hay esperanza, para el género y los personajes, a raíz de que, al parecer, algún guionista de Blackest Night está de acuerdo conmigo.


Creo que, por este tema (entre otros), aún gustándome mucho, he empezado a dejar de leer cómic de superhéroes al uso. Supongo que acercándome peligrosamente a la treintena, empiezo a tener inquietudes que antes no tenía, intento que mis lecturas tengan una profundidad de la que, por desgracia, los cómics tradicionales de superhéroes, en su mayor parte, carecen. Y es por esto que empiezo a leer menos sobre personajes, y más sobre arquetipos, que respeten la esencia del personaje que admiraba de niño, pero que, al estar exento del férreo control de la editorial, permita a dicho personaje crecer y vivir una vida más coherente dentro de su propio universo.

Supongo que, al final, lo que quiero es un final feliz para todos. Incluso para los personajes de tebeo.

3 comentarios:

dizzyhead dijo...

te podría contar muchas cosas a propósito del tiempo libre ahora, pero no son muy de los temas del blog, me temo.
así que te contaré sólo mi opinión del post: beautiful, lleno de belleza, que dice mucho más que cualquier palabra al respecto en castellano.
(y, por supuesto, las relaciones complejas son mucho más interesantes que las simplificadas, con 15, con 30, con 45 o con los años que se se tercie. otra cosa distinta es que cambien nuestro nivel de percepción de "lo complejo" con los años.)

dizzyhead dijo...

ah, y se me olvidaba! para historia gráfica de una pareja de las de verdad, con sus situaciones tiernas, sus enfados, sus tragedias y sus felicidades cotidianas: píldoras azules, de frederik peeters. no es una historia cualquiera de pareja, pero al final habla de una historia cualquiera desde una historia que podría dar para una epopeya griega. y ésa es su gracia: la humanidad que rebosa por toda la novela gráfica.

Ulex Ryu dijo...

¡Muchas gracias! Tanto por los comentarios, como por la recomendación (me la apunto, por cierto)

Tampoco hay que alejarse del cómic de superhéroes para encontrar una relación tratada de forma un poco más realista (dentro de las posibilidades del género). En Stormwatch, primero, y en The Authority, después, se trata con mucha naturalidad la relación entre Apollo y Midnighter, sin ser forzada, pero sin ser cohartada tampoco. Pero claro, eso se pudo hacer porque Apollo no era Superman (pero casi), ni Midnighter era Batman (aunque se le parezca mucho).

Por eso digo siempre que ahora lo que busco en el cómic de superhéroes, más que a los personajes, es a los arquetipos.

En todo caso, me apunto lo de Píldoras Azules.