domingo, 25 de marzo de 2012

Uniendo pedazos

Decía Ortega y Gasset "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo".

Siempre he pensado que mi vida se dividía en etapas, como en capítulos de un libro, o temporadas de una serie de televisión.

¿Recordáis una serie de los ochenta llamada "Remington Steele"? Estoy convencido de que sí, aunque para muchos "sólo" sea la serie en la que apareció Pierce Brosnan antes de ser James Bond, y la razón de que no pudiera interpretar antes dicho papel (lo que permitió poder ver cómo lo interpretaba Timoty Dalton, un gran Bond injustamente menospreciado).

No tengo recuerdos claros de la serie, más allá de un par de capítulos (incluyendo uno con unos mariachis cantando Guantanamera, lo cuál no deja de ser paradójico), pero sí recuerdo un tema recurrente de la serie: la capacidad del protagonista para extrapolar situaciones de películas y aplicarlas a la resolución del caso de la semana.
Ya en el siglo XXI, concretamente en los últimos 5 meses, he conocido una serie llamada "Community". Uno de los protagonistas, Abed, tiene problemas para interactuar con la realidad, y para conseguirlo se apoya en elementos de la cultura pop, extraídos en su mayor parte del cine y la televisión. Como todos los personajes de Community, Abed es la exageración de un estereotipo, llevado al extremo para darle mayor comicidad, y hacer de la serie un divertimento loable. Pero la base, el estereotipo, está ahí.

Decía antes que percibo mi vida, a título pasado, como una serie de capítulos, de temporadas. Las tramas se suceden, los secundarios entran y salen, hay elementos recurrentes que permanecen, y otros que desaparecen. Cuando tenía 10 años, por ejemplo, quería ser una Tortuga Ninja, y esa etapa me duró lo suficiente como para preocupar muchísimo a mis padres. Por suerte, esa etapa pasó, dejé de querer ser verde, y de aquello sólo quedó mi gusto por la pizza (lo cual, reconozcámoslo, no es ni extraordinario ni preocupante, aunque puede llegar a ser dietéticamente poco sano)

Soy una persona que le carga a las cosas un significado subjetivo, más allá del valor que puedan tener de forma intrínseca, y siempre relacionado con la etapa vital en la que estoy, el capítulo que estoy viviendo. Y dicho capítulo siempre se relaciona con aquella serie, o aquél cómic que más me esté llamando la atención en ese momento.

Hace unos años descubrí Dragon Ball, y me gustó mucho. ¿A quién no? Descubrí también su banda sonora, y una canción en concreto que desde entonces ha sido mi canción preferida. Puede que esa música no sea del gusto de todo el mundo, pero, para mi, dado que va unida a Dragon Ball, siempre será especial. Cuando una persona me hizo pensar en Unmei No Hi ~Tamashii Vs. Tamashii~ fue cuando decidí cortarme el pelo tras casi un año  sin cortármelo, intentando descubrir quién era yo. Y desde el momento en el que debería haberme licenciado, hasta el momento en el que finalmente lo hice, me obligué a no escuchar mi canción preferida, esperando el momento de licenciarme "para volver a ser digno". Y lo cumplí.

Mi primer cómic de superhéroes fue de Spider-Man. Me lo compró mi padre, cuando vivíamos en Moratalaz. Era un cómic en el que Spider-Man y la Gata Negra luchaban contra La Mancha y Kingpin (por separado) y al final del cómic rompían como pareja (yo tenía apenas cinco años, no tenía casi idea de qué era una pareja, como para enterarme de qué significaba "romper"). Aún guardo ese cómic.

Aunque con el tiempo compré algunos tebeos sueltos más de Spider-Man (tampoco muchos, me gastaba las pagas en los tebeos de las Tortugas Ninja, os recuerdo que yo quería ser una de ellas), no fue hasta poco después de entrar en el instituto que empecé a comprar número tras número (correspondiéndose aquello con una temporada que tuve que pasar viviendo con mi abuela, y que coincidió con el final editorial de Dragon Ball). Fue un número raro para empezar, Spider-Man estaba inmerso en mitad de la segunda Saga del Clon, y aquello era un galimatías importante, pero algo hizo que, entre todos los cómics que se publicaran en aquella época, me decidiera a seguir aquella colección en concreto. Con el tiempo la cosa se asentó, y Peter Parker volvió a ser Spider-Man, y estaba casado con Mary Jane, y yo no faltaba a mi cita mensual con el tomo que publicaba Planeta DeAgostini (que recopilaba tres o cuatro números americanos, dependiendo del mes). Supongo que compraba los cómics de Spider-Man porque el protagonista tenía la vida que yo quería tener. No me malinterpretéis, como dijo el Clark Kent de Identidad Secreta, "no es por los poderes", era por Mary Jane. Porque pasara lo que les pasara, al final lo que sentían el uno por el otro era más fuerte que el Duende Verde o el Doctor Octopus o el villano de traje colorista que tocara aquel mes, y siempre arreglaban cualquier problema que pudiera surgir, y volvían juntos.

Pero entonces llegó la saga "Sins of Past", en la que se reveló que Gwen, la novia muerta del protagonista, representada siempre como pura, dulce e inocente, había tenido dos hijos con el Duende Verde antes de morir. Y dejé de comprar cómics de Spider-Man. Porque le había dado una importancia a aquellos personajes mayor de la que debían tener, y aquella situación dolía más de lo que debía doler. Y años más tarde (no muchos) llegó la saga "One More Day", en la que para salvar a su tía moribunda, Spider-Man hacía un pacto con el diablo, no a cambio de su alma, sino de su matrimonio con Mary Jane. Aquello fue más de lo que pude soportar, y dejé de leer la colección. Otra etapa cerrada.

Porque esa es otra constante en mi vida. No evoluciono. Sólo cierro etapas. Carpetazo, guardo la etapa anterior en un cajón, y sigo adelante con la nueva, aún quedando heridas abiertas y tramas sin resolver. A veces es más fácil eso que afrontar las consecuencias, o enfrentarme a lo que me ha hecho daño. Dejé de leer un tebeo que me gustaba porque el protagonista dejó de estar casado. Debería haberme dado cuenta de que había algo que no estaba bien.

No recuerdo cuándo exactamente, pero se que antes de acabar la carrera, empecé a leer Green Lantern. Me gustaba el tono de aventura a lo Dragon Ball, con enemigos "cada vez más fuertes". Recuerdo leer emocionado la Guerra de los Sinestro Corps cuando estuve en mi exilio irlandés (otra etapa de mi vida, que representó otro carpetazo y huida de la anterior). Mes tras mes leía todas las colecciones relacionadas con los anillos verdes, esperé los tomos recopilatorios con entusiasmo, y esperaba tener una réplica de dicho anillo por lo mucho que me gustaban las historias. Llegué a tener el anillo y, como con todo, lo cargué de un significado que no tenía nada que ver con él. 

Y de repente, dejó de gustarme. No tuvo nada que ver la película (que no era maravillosa, pero las he visto peores), o el reboot de DC de septiembre (que no afectó a Green Lantern, al menos no demasiado). Y en julio dejé de llevar el anillo. Lo que pasó es que había vinculado a Green Lantern con una etapa de mi vida, y cuando acabó, le di carptetazo, cerré el cajón, y me refugié en algo nuevo.

O más bien en algo viejo porque, sin venir a cuento, mi flequillo volvió a descontrolarse, diez años después. Como si del primer capítulo del Dark Knight Returns se tratara, cuando a un cincuentón Bruce Wayne le desaparece el bigote, mi flequillo decidió que volvía a ir por libre doce años después. Y cada vez va a peor, hoy he llevado todo el día el pelo de punta. Y no me lo he tocado...

Pero mi vida no es una serie de televisión, no es una película, ni una novela ni una serie de cómics. Es real, y no está poblada de secundarios y protagonistas, sino que es reflejo de mi, de lo que siento, de cómo me afectan (cómo dejo que me afecten) las cosas, y de lo que interactúo con la gente, que también es real. No hay temporadas ni capítulos, cierres absolutos que representen una etapa a la que no se va a volver. Mi vida es un contínuo, como la de todos, cimentada en experiencias pasadas y presentes, y proyecciones y esperanzas del futuro aún por venir. No se cierran tramas, pues no hay tramas que cerrar. Solo una vida, larga y única, en la que cada minuto cuenta lo mismo que el anterior, y que el siguiente, indivisible. Puedes ignorar una parte, pero eso no va hacer que los demás la olviden, pues está ahí. Estuvo ahí, y nada va a conseguir que desaparezca. 

Estoy cansado. Estoy cansado de concluir etapas, de dar carpetazos, de cerrar en falso. De que las cosas dejen de gustarme porque algo que no tiene que ver con ellas me ha hecho daño, o de que por culpa de no hacer bien las cosas yo haga daño a otras personas que me importan. Se que las cosas tienen que cambiar, y ha ha llegado el momento de aceptar que, si no soy capaz yo solo, he de pedir ayuda para conseguirlo. Llevo demasiado tiempo dando largas, escondiendo mis demonios debajo de la alfombra, y me da mucho miedo destaparlo todo y encontrarme lo que hay ahí. Pero mirar a otro lado no va a hacer que desaparezcan, y los cuerpos ya empiezan a oler.

He empezado yo solito, como buenamente he podido. Vuelvo a llevar el anillo de Green Lantern, porque me gusta, porque me gusta sentir su peso en el dedo, porque me recuerda historias de aventuras y valor. Hoy me he leído siete meses de cómics de Green Lantern y, aunque los he leído mejores, los he disfrutado. Son solo tebeos, nada más, y no les he dado más importancia de la que merecen.

Y me he leído del tirón Spider-Island, la última gran saga de Spider-Man, con fill-ins y todo. Está bien escrita, bien dibujada, y me ha gustado. Lo que más me ha gustado, de nuevo, ha sido un nimio detalle, algo que le dice Mary Jane a Spidey en la épica batalla del último número de la saga (sin contar el epílogo), algo que se que tiene, para mi, más significado que el que debería tener una cosa que le dice un personaje de ficción a otro en un tebeo de 22 páginas, pero es un comienzo.

Las cosas van a empezar a cambiar para mi muy pronto. Mañana mismo. Evaluados mis problemas, siendo consciente de (casi) todo lo que no está bien, es momento de trabajar duro para arreglarlo. De dejar atrás dudas, de aprender a ser feliz, de ser capaz de hacer valer mis necesidades frente a los demás, sin dejar de respetar las de otros, de aprender a afrontar los problemas cuando vienen, de pensar las cosas bien antes de cometer una estupidez de la que puedo no terminar de arrepentirme nunca. Las cosas van a cambiar, y va a ser para mejor.

No se qué va a pasar ahora. Como dijo el décimo Doctor antes de regenerarse y convertirse en su undécima encarnación "no quiero morir, tengo miedo". Voy a pasar por el túnel más oscuro por el que he pasado nunca y, aunque se que hay gente que me apoya y me anima, cada uno a su manera, es algo por lo que debo pasar yo solo.

A todos, os veo en el otro lado. Mejor, más sano y más feliz.

Y a ti, especialmente a ti, te digo que voy a ponerme bien. Voy a arreglar lo que está mal conmigo, y cuando eso ocurra, volveré a por ti.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Soy un lector habitual de tu blog e igual no soy nadie para meterme en esta parcela de tu vida privada pero... ÁNIMO y que todo salga bien.

Ulex Ryu dijo...

Gracias

Roberto J. Carrasco Calvente dijo...

Buenas...Qué cabrón, me has hecho llorar, creo que es el mejor post que has escrito nunca y me identifico al 100% con él. Mucho ánimo tío, y cuando estés bien vuelve a por...ella? :-)

Ulex Ryu dijo...

Sí, ella.

Arantxa dijo...

Deberías escribir cosas así mucho más a menudo. :) Un beso.